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Carta - Salida primavera Aguadulce PDF Imprimir E-mail
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Lunes, 25 de Mayo de 2009 11:16

Carta de los padres de Pepe Romo en referencia a la salida del CAO el pasado 8 de mayo a Aguadulce.

- Qué buenos sooon los padres Josefinooos, qué buenos sooon que nos llevan de excursióoon…

¡Uy! La mamá a primera hora cantando. Señal clara que no le duele la cabeza y se ha levantado con buen pie. Hoy ha tocado descansar con un sueño totalmente relajante, de ahí que todos sus poros irradian alegría, como otras muchas ocasiones.

Mientras me duchaba y vestía, no se cansaba de repetir una y otra vez …. qué buenos sooon los padres Josefinos, qué buenos sooon que nos llevan de excursión…. Yo, en cambio, me limité a sonreír y seguir la coba hasta ver donde desembocaba esa machacona y, ya un poco, pesada insistencia de la mamá. ¿Para nada entendía, quiénes son esos papás, que todos se llaman igual, y la llevarán de excursión junto con varias personas? ¿Seremos toda la familia?... ¡No!, porque el papá ya se ha duchado y marchado al trabajo, es viernes y empieza media hora antes. Además Ricardo está durmiendo.

Una vez aseados, salimos al comedor para desayunar (eso sí, tanto ella como yo desayunamos muy temprano), de nuevo me vi sorprendido. En el portal, delante de la puerta de entrada al piso, se encontraba un tanque de oxígeno y una maleta y dos bolsos. ¡Ciertos son los toros!, con seguridad nos vamos de viaje o de excursión para más de un día y dormiremos fuera de casa.

Terminado el desayuno, como de costumbre deambulé por el salón, esperando acontecimientos. Poco después, Ricardo aún en pijama y adormilado se presentó en la cocina y preguntó la hora de la salida, contestándole que debíamos esperar a Sergio para recogerme.

¿Cómo? Si Sergio lleva toda la semana sin venir, porque está enfermo. Verdaderamente estaba rallado, más liado que la “pata de un romano”. Del viaje no había dudas, pero ¿con quiénes?, con mi madre y mi hermano o con Sergio y los demás compañeros de CAO… Ah, ya, seguro que iremos todos y, como durará más de un día, nos acompañarán mi hermano y mi madre para las noches. Sin embargo, ahora que lo pienso, hace algo más de un mes, Sergio, mi madre y yo fuimos un fin de semana a Mojácar (respiro de Feaps), con el único objetivo de dormir en la misma habitación con Sergio, para qué aprendiera el manejo del respirador y controlara mi sueño por la noche. En fin, pronto saldré de dudas.

Efectivamente, dando tiempo a que Ricardo se duchara y desayunara. Sergio, nada más traspasar la puerta de entrada, con prisas se dirigió a mí, “¡Pepe rápido!, ponte la gorra que vamos para Aguadulce, todos nos esperan en la furgoneta”. Y, dirigiéndose a mi madre y hermano, “vosotros os lleváis todo esto, el tanque de oxígeno, el equipaje y la silla de ruedas ¿verdad?.., el respirador ya va en el coche”.

Cerca de mediodía, descargando el equipaje de todos, nos encontrábamos en la recepción de la Residencia de Tiempo Libre de Aguadulce, junto al parque público al que de pequeño visitaba con frecuencia. Mientras llegaba la hora de comer, todos salimos a dar una vuelta para conocer los alrededores de la residencia, al no acompañarnos mi hermano y mi madre, pensé que estaban colocando todas mis cosas, el respirador, tanque de oxígeno y demás en la habitación asignada.

Cuando regresamos, el equipaje continuaba en recepción, miré alrededor, ni rastro, la mamá y Ricardo habían desaparecido. Directamente pasamos al comedor, ya que, debido al ajetreo de toda la mañana, el estómago de todos estaba reclamando ser atendido. Paqui, como siempre, se sentó junto a Isabelita, Leo con Eva, y el resto, Rafa, Jose Luis, Yolanda, Rosa, Tati, Sergio y yo indistintamente según llegábamos. Aún no habíamos iniciado la comida, cuando vi que Rosa, reflejando en su cara cierta sorpresa mezclada con alegría, se levantó para saludar al “presi” Santiago y a su mujer Amparo. Nos besaron uno por uno y se sentaron dispuestos a comer con nosotros y acompañarnos varias horas durante la tarde. Por sus visitas frecuentes, siempre precedidas de un detalle, les consideramos uno más de grupo.

Después de comer, ordenar nuestras cosas en la habitación y descasar un ratito, salimos pasear y tomar un helado en el paseo marítimo con una sorpresa nueva y, sobre todo, inesperada. David, con la compañía de su sobrina, estuvo con nosotros toda la tarde. Desde su marcha, todos nosotros le echamos mucho de menos, pero no hay duda que él también nos echa de menos, a la mínima se presenta de sopetón, causándonos una gran alegría.

Ya, por la noche, como a unos cuantos aún su cuerpo les pedía marcha, salieron al puerto deportivo de copas. En cambio, tanto Sergio como yo pedíamos la cama a gritos, él porque se sentía un poco mal y yo porque era mucho el cansancio acumulado. Pero ni mi madre ni mi padre habían llegado. No sé qué estarán pensando, ellos nunca han faltado a la hora de acostarme, ¿quién dormirá conmigo?, ¿quién me conectará al respirador? Estando con esta inquietud, suena el móvil de Sergio… “Sí, sí no os preocupéis, ahora en este preciso momento nos estábamos poniendo el pijama, porque caeremos en picao a la cama…, vosotros disfrutad e ir al cine, como lo teníais previsto. ¡Tranquilos!, dormiremos toda la noche de un tirón”

Todo aclarado. Esta sería la primera noche de toda mi vida que dormiría sin la presencia de alguno de ellos, esperemos que todo resulte bien, no haya ningún contratiempo y supere la prueba lo más satisfactoriamente. Así, en lo sucesivo, podré acompañar a mis amigos del CAO en todos sus viajes de varios días.

Parece que me quedé dormido enseguida y creo que Sergio se acostó de momento, se notaba un poco caliente, es posible que tuviera algunas décimas de fiebre, debido a la infección de garganta, que aún no había desechado.

¡¡¡Prueba superada!!! Ha sido todo un éxito. Bueno, la verdad sea dicha, a eso de las tres de la madrugada me desperté e instintivamente comencé a dar saltos en la cama. Al tercero o cuarto, miré de reojo a Sergio y comprobé su cara con ojeras y muy tristona, interrumpí los saltos, me acomodé del lado derecho con la palma de la mano izquierda entre la almohada y mi cara y de nuevo a dormir hasta pasadas las siete de la mañana.

Nos duchamos y vestimos. Y, cuando esperábamos a los demás para ir a desayunar, mi mente no dejaba de dar vueltas sobre lo sucedido... Sinceramente esta noche marcará un antes y un después. Definitivamente se ha roto el fuego y tengo la seguridad que en adelante podré viajar con mis amigos sólo, sólo sin la presencia de mis “viejos”… Estoy imaginándome lo que hacen en este momento, estarán en la cama despiertos y como ausentes, raros sin ese bullicio y ajetreo de todas las mañanas, pero al mismo tiempo sorprendidos, su hijo Pepe por fin, como su hermano, puede salir de marcha, de viaje, dormir fuera, estar con los amigos… Tengo la certeza más absoluta que esta tarde, cuando venga a recogernos, se lanzarán al cuello de Sergio, de Yolanda, de Eva, de Tati, de Rosa, les abrazarán fuertemente y no les soltarán, incluso creo que se emocionarán. No se cómo agradecer, repito a Rosa, a Sergio, a Yolanda, a Eva, a Tati…, que han inculcado, que han inspirado en mis padres total y absoluta confianza. Les han demostrado que tienen la capacidad suficiente, la experiencia necesaria y la atención exquisita y afable para que yo normalmente pueda disfrutar, viajar y hacer noche fuera de casa sin su control y vigilancia…

La entrada de Eva en nuestra habitación, para ofrecernos su ayuda y comunicarnos la hora del desayuno, rompió esta cadena de pensamientos. Una vez desayunados, decidimos disfrutar de una mañana de playa, a pesar de que el sol tristón y gris no tenía su día. Caminamos durante largo espacio de tiempo descalzos por la orilla, los más atrevidos se capuzaron en el agua, nos tendimos sobre la arena, charlamos, reímos, nos fotografiamos de todas las posturas, jugamos y nos divertimos a tope, con un pequeñísimo “pero”, Sergio necesariamente nos dejó, porque se sentía muy flojo y con fiebre alta.

Ya en la residencia, después de comer y recoger los equipajes, nos sentamos en un pequeño jardín, para esperar a mis padres, que llegarían de un momento a otro a recogernos.

Indiscutiblemente, el encuentro resultó tal y como lo había previsto al principio de la mañana.

Ricardo y Martirio, en nombre de su hijo Pepe Romo
Mayo 2009

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